El jueveslardero

 
No había casi juguetes, en muchos casos éstos eran puramente artesanales, auto fabricados y auto imaginados o a través de reciclar para juegos, cosas tan inverosímiles hoy día como las tabas, que eran unos huesos (astrágalos de carnero, según el diccionario). El juego consistía en tirar las tabas hacia arriba y se ganaba o se perdía según cayera el hueso de un lado u otro.
En este sentido no cuesta imaginar qué tremenda ilusión hacía a un niño en aquella época recibir cualquier tipo de presente, ni siquiera estrictamente un juego. Bastaba un cromo, una estampa a color, unas pinturas, un portalápices para sentirse poseedor de un preciado tesoro.
Hagamos memoria; hablamos de un tiempo en que se utilizaban cartillas de racionamiento para comer, no había televisión ni cine, ni consolas de videojuegos, ni ordenadores, la radio era lo más avanzado que algunos tenían en sus casas. Tardó tiempo en que la electricidad llegara a los hogares, cuando alguien de fuera traía periódicos atrasados resultaba un regalo valorado... Digamos que la escala de valores tenía unos parámetros bien distintos a aquellos en nos manejamos hoy día. Incluso guardar los brillantes papeles de un caramelo, estirándolos entre las páginas de un libro resultaba un entretenimiento y un placer su contemplación...

 

 


Mercedes Masriera; "Valdanzuelo"

... Esta fiesta, despertaba un inusitado interés tras el paso de unos Reyes Magos, más bien austeros, ya que las condiciones en las que se encontraba el campesinado por aquel entonces, no resultaba demasiado próspera precisamente, y unas castañas y unos cuantos higos secos, eran más que suficientes para colmar la ilusión de unos pequeños habían esperado aquel momento con gran ansiedad.
El recibir juguetes era algo realmente impensable. Y así iba transcurriendo el invierno, un tanto largo y monótono esperando impacientemente la llegada de la primavera. De este modo, las fiestas se celebraban de forma sencilla, sirviendo en la mesa unas patatas asadas, calientes y recién hechas, pero al acercarse el Jueveslardero, en la escuela se dejaban sentir las canciones que hacían referencia a aquel día.
Es una celebración que por lo general se aproxima al tiempo del calendario al que hace referencia el dicho de "por San Blas, la cigüeña verás".

Celebrar la primavera es un rito perdido hasta cierto punto y el Jueveslardero podía muy bien significar esa celebración. En invierno no es solo el frío lo que dificultaba la vida. La luz del sol se retira hacia las cinco de la tarde. El día es muy corto y la electricidad llegó relativamente tarde o bastante tarde, según se mire. Imaginemos una tarde - noche detrás de otra durante el largo invierno, encerrados en casa alrededor de la chimenea o del brasero. ¿No había de celebrarse la primavera, incluso un poco anticipadamente con la disculpa de los niños?.

De hecho, era una fiesta que celebraban con mayor dedicación los jóvenes ansiosos de diversión. Ello significaba un día menos de escuela, que siempre es grato, y se recorrían nuevamente las calles entonando cantos y recibiendo de los vecinos chorizo y huevos. Con el tiempo esta limosna gastronómica se sustituiría por metálico, dinero contante y sonante con el que se realizaba esta dádiva en los últimos años de actividad de Valdanzuelo. El pueblo se convertía en un griterío y los pequeños cantores se esmeraban al máximo por complacer a los oyentes no con una sola demostración.
Hacia el mediodía, la peregrinación infantil por las diversas calles del pueblo llegaba a su fin y con la recolecta se compraban algunas chucherías. Eso el día en que "el tendero" subía a proveer a la población desde el vecino pueblo de Miño de San Esteban.
Por la tarde se había organizado alguna excursión a algún lugar significativo pero cercano y variable cada año. Se merendaba y se jugaba de forma diversa hasta el atardecer. La generosidad del maestro también participaba en la fiesta, obsequiando a los chavales con productos de su propia matanza...

 

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